Robaron la bandera de los 100 años del Club Atlético Unión. El trapo gigante desapareció la semana pasada de las instalaciones del club. Al menos 15 personas participaron del despojo y hasta el día de hoy nadie denunció el hecho.

Foto archivo El Litoral

No vamos a negociar con delincuentes“, dijeron desde la actual dirigencia. La renovación de la comisión directiva, la suspensión de la fecha de inicio del torneo y las dificultades económicas por las que atraviesa la institución acallaron el reciente robo de la bandera de los 100 años de Unión, que ahora es utilizada como trofeo de guerra para negociar el poder en la barra brava.

El hecho se produjo entre martes y jueves de la semana pasada, en horas de la madrugada; y si bien hubo quienes vieron a los intrusos llevarse la tela, una semana más tarde nadie se interesó por radicar la denuncia policial.
Se trata de una bandera de grandes dimensiones, puesto que desplegada abarca todo el sector de populares del estadio 15 de Abril, incluyendo un lateral y la cabecera de “La barra de La Bomba”. Para trasladarla, los delincuentes necesitaron de entre 10 a 15 personas, que a su vez dispusieron de un vehículo para trasladarla al lugar en que la tienen cautiva.
El trapo estaba guardado junto con los bombos y demás instrumentos que utiliza la hinchada rojiblanca. Estaba en una habitación bajo llave, puesto que pertenece al CAU y fue adquirida con la contribución de cada uno de los socios unionistas. Para sacarla de ese lugar los intrusos rompieron una puerta que estaba con llave.

No hay denuncia

Aunque en la avenida el hecho es vox populi pocos son los que se animan a hablar del tema y menos aún los dispuestos a denunciar el episodio delictivo en la comisaría de la zona.
Si bien no está del todo claro el día en que desapareció, es un hecho que esto sucedió antes de que Luis Spahn, de la agrupación Ángel P. Malvicino, asumiera la presidencia del club el viernes pasado, en reemplazo de Miguel Ponce.
Lejos de ser unos desconocidos quienes utilizaron sus contactos, infundieron temor o ingresaron con impunidad a las instalaciones del club, estarían identificados los autores del robo. Como si fuera poco, una facción de la barra brava se contactó con uno de los vicepresidentes tatengues para negociar la devolución.
Se desconocen los términos de la entrevista y en qué consistió el pedido de los barras, pero lo cierto es que los dirigentes consultados manifestaron off de record una posición unánime: “No vamos a negociar con delincuentes”. Esa habría sido la respuesta que le dio la dirigencia a quienes presionaron para obtener algún beneficio a cambio del reintegro del bien sustraído.

Dos muertes

El gran paño rojiblanco fue desplegado por primera vez para los 100 años del club, el 15 de abril de 2007. Es como un trofeo de guerra, un símbolo de poderío en el bajo mundo de las barras, que está siendo utilizado como instrumento de presión. Pero el trasfondo es mucho más complejo y escandaloso que el robo de una bandera.
Dos muertes ocurridas en diciembre del año pasado y en enero de 2009 empañan aún más una disputa para ver quién manda en la tribuna tatengue, entre los de Villa del Parque y los de Alto Verde.
La Justicia santafesina investiga con resultados dispares el homicidio de Miguelito, un hincha de Unión que fue apuñalado el 12 de diciembre último en las calles de Villa del Parque, después de un partido en que su cuadro perdió con Aldosivi en Santa Fe. El 31 de enero siguiente fue el turno de Walter Rodolfo Ramírez, un remisero de 39 años, que recibió cinco impactos de bala cuando iba en busca de un pasajero en inmediaciones del barrio Cabal, a la altura de la Curva de Roces.
Ambos eran reconocidos hinchas de fútbol de Unión, a punto tal que Miguelito -así le decían- ostentó el puesto de capo, al frente de los de Villa del Parque, cuando Tambita, jefe de la barra de Alto Verde, debió permanecer internado tras recibir un tiro en una de sus piernas.
Por la muerte de Ramírez fueron arrestadas tres personas, las cuales recibieron el falta de mérito al poco tiempo. En cuanto a la de Romero, aunque hay indicios de quién puede ser el autor, el caso figura como NN.