Foto Telam

Un cuadro de shock séptico, suscitado a 45 días de recibir el imprescindible triple transplante de corazón y pulmones resultó un escollo demasiado complejo para la frágil salud de Sandro quien falleció ayer, a los 64 años, en la provincia de Mendoza ante el dolor de un pueblo que lo ungió como uno de los máximos ídolos de la canción. Será velado desde esta mañana en el Congreso. Luego de ser operado dos veces en esta jornada, el médico Claudio Burgos -le realizó el trasplante- acompañado por Sergio Perrone, quien informó que a las 20.40 Sandro falleció, víctima de un cuadro séptico que se agudizó en las últimas horas.

En la puerta del Hospital Italiano de Mendoza, los fans comenzaron a llorar y no dejaron que Burgos terminara el parte, ya que lo taparon con un aullido de dolor.
¿Quién fue Sandro, realmente? ¿Quién es, como se preguntarán aquellos que no soportan su ausencia física y seguramente -como con Carlos Gardel- afirmarán que cada día canta mejor? Son las mismas personas, hombres y mujeres, pero sobre todo mujeres, que aún en los últimos años del ídolo ignoraban su decadencia física, sus dificultades para cantar, su voz esforzada, lo veían con el rostro y los labios -sobre todo los labios- que lucía hace 40 años en la película “Gitano”.
El póster seguirá reviviendo aquella bonanza, la del muchacho que revoleaba el pubis a la manera de Elvis y escandalizaba desde la ingenua TV de entonces a ciertas concepciones moralistas siempre en boga.
Roberto Vicente Sánchez había nacido en Valentín Alsina, referente social del Gran Buenos Aires, el 19 de agosto de 1945 (aunque otros ubican el hecho en el porteño barrio de Parque Patricios), y nada hacía prever la idolatría que ese chico iba a suscitar en la Argentina y en todo el mundo hispanoparlante.
La biografía oficial suele contar que su carrera comenzó el 9 de julio de 1958, cuando intentando hacer una fonomímica de Elvis Presley en un festival escolar, el disco se rompió y Roberto debió cantar a capella.
A eso le siguieron luego el Trío Azul, Los Caniches de Oklahoma y el mítico Los de Fuego, un grupo de rock bastante procaz -lo que le valió inclusive algunas censuras-, y con el que inauguró en 1963 el también legendario reducto La Cueva, de Juncal y Pueyrredón, junto a Pajarito Zaguri y Horacio Martínez.
Por entonces se lo conocía como el “Elvis del Sur” o “Elvis etapa Las Vegas”, según la versión de Charly García, con quien prometió un incumplido recital en la cancha de River, después de grabar el clásico “Rompan todo” de Los Shakers en el álbum “Tango 4”, de García y Pedro Aznar.
Sin embargo, fue con la música melódica que Sandro logró su mayor popularidad, que quedó consolidada en Argentina cuando en el carnaval de 1971 llenó con 60.000 personas el ya desaparecido estadio de San Lorenzo de Almagro.
Cuando empezó a hacerse ver, a principios de los 60, pesaba 63 kilos y tenía un físico de junco que le permitía agregar un plus de sensualidad inédito en estas playas, habituadas a las simplezas coreográficas de El Club del Clan.
La vida y las toneladas de tabaco que consumió en sus 64 años fueron cambiando las cosas, su cuerpo adquirió panza y su estilo se fue aplacando, aunque hasta sus últimos shows -cada vez más espaciados- sedujo a miles de “nenas” que ya pisaban los 60.
Lo curioso es que también las hijas de esas seguidoras se hicieron fanáticas, y competían con sus madres y/o abuelas en la verbalidad de sus desenfrenos eróticos y en el lanzamiento de prendas íntimas hacia el escenario.
Era una ceremonia que conocía al dedillo y él mismo organizaba. Las hacía gritar hasta el agotamiento y después, con la platea más distendida, se ponía a cantar. Y cada tema reavivaba el fuego. Función tras función, año tras año.
Como galán entrado en años, la prenda que lo acompañó a lo último era una robe de chambre roja, que además de disimularle los kilos de más le daba un toque hogareño, como para hacerlo accesible en la imaginación de cada una.
Las flores y el champán también formaban parte del festejo, que se hacía estridente y vagamente romántico cuando algunas privilegiadas llegaban por sorteo al escenario, con el premio de una canción dedicada y un leve beso en los labios.
Las cosas, por supuesto, no pasaban de ahí y a lo sumo se traducían en una peregrinación casi religiosa los 19 de agosto al bunker rigurosamente vigilado que Sandro tenía en la localidad de Banfield, cuya intimidad compartía con parejas generalmente mayores que él y gorditas.
En viejas reseñas periodísticas se pueden leer nociones como “La mujer es fuente de inspiración, de vida, fuerza de toda energía que yo pueda tener y, cuando me faltó, me sentí mal”.
También dijo: “Si no fuera por las mujeres yo no sería absolutamente nada; primero, porque nací de una mujer. Además, me acompañaron toda mi vida, me han inspirado todas mis canciones”.
Entre las murallas de su mansión tuvo romances de desigual duración pero aparentemente similares en intensidad: con Tita Rouss, ex de Alberto Olmedo; con una dama llamada María Elena y con Julia Visciani.
En su caso, la cuarta fue la vencida y se casó con Olga Garaventa -ex secretaria de su productor teatral Aldo Aresi-, en su domicilio en una ceremonia estrictamente privada en abril de 2007.
A lo largo de 53 discos (el primero, de 1963), Sandro superó más de 8.000.000 de placas vendidas, con temas como “Así”, “Por qué te amo”, “Penas”, “Mi amigo el puma”, “Penumbras” y “Una muchacha y una guitarra”, lograron vender un millón de copias cada uno.
Algunos de sus álbumes más recordados fueron “Quiero llenarme de tí”, “Sandro de América”, “Album rojo”, “Se te nota”, “Volver a casa”, “La vida sigue igual”, “Historia de un ídolo” y “Con gusto a mujer”.
Hasta que llegaron los problemas de salud y una serie de internaciones en el Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento y otras instituciones, desde que en 2002 debió someterse a un cateterismo.
Los sucesivos problemas pulmonares de Sandro, un fumador compulsivo y enfermo crónico por décadas, se agravaron a lo largo de 2005, cuando enfrentó delicadas situaciones que llevaron a que en diciembre de ese año fuera sometido a una cirugía de reducción pulmonar.
El 20 de noviembre del 2009 finalmente llegó el trasplante cardiopulmonar que se realizó en el Hospital Italiano de Mendoza y que concluyó exitosamente, aunque luego se sucedieron graves inconvenientes.
Una escurridiza bacteria instalada en sus pulmones obligó a realizarle cuatro operaciones posteriores al trasplante hasta que a la nochecita del 4 de enero, el cuerpo dijo basta.
Lo que muchos y muchas no quisieron entender fue que Sandro era de carne y hueso, que a pesar de su gloria llevaba a cuestas un físico deteriorado y, finalmente, que al ídolo también podían alcanzarlo las manos de la muerte.