Steffi Kuchen, de 23 años, escribió desde el Facebook una carta, donde cuenta cómo fue atacada, literalmente por motochorros en inmediaciones del Arco de la Colonización Argentina.

«Si me lo cuentan, no lo creo»

«Y es que hasta que no lo vivís, no lo entendés. Crees que son hechos aislados, que nunca te va a pasar, que exageran, que pasa en las grandes ciudades.
Lo primero que me preguntaban era ¿En Esperanza? Si, en Esperanza. Cerca del Arco de la Colonización, plena tarde y repleto de gente. Cuesta creerlo, pero es cierto.

¿Qué pasó? ¿Vieron en la tele como actúan los moto chorros? Bueno, así, con la misma metodología.

Dos individuos en una moto, con cascos puestos, frenaron a nuestro lado mientras caminaba con mi amigo. El que iba de acompañante se bajó, dando a entender que poseía un arma y fue directamente hacia mí, la mujer y la más cercana a ellos. Llegué a hacer unos pocos pasos y ya me tiró al piso, me agarró del pelo y comenzó a patearme. Como si esto fuese poco, vino a ayudarlo su compañero.

¿Mi amigo? Gritando por ayuda, lamentablemente en vano.

¿Qué vi? Sus ojos, rojos, muy rojos, llenos de agresividad, maldad y de los efectos de vaya uno a saber qué sustancia.

¿Es que no podían tomar el tan ansiado celular e irse? ¿Era necesario maltratarme de esa forma?

Es todo tuyo, llevátelo ¿no ves que soy una mujer tirada en el piso, totalmente indefensa?

¿Qué siento? Lo que cualquier persona en mi lugar sentiría. Dolor, tristeza, enojo, pero sobretodo impotencia.  Impotencia por no poder hacer nada, porque todo se quedé ahí, como una anécdota.  Porque todos sabemos que no es solo una anécdota, es una realidad, una realidad horrible.

¡Gracias a Dios sólo simularon tener un arma! Porque estoy segura que si de verdad la tenían, la usaban.

Hoy, tengo dolores en todo el cuerpo a causa de los golpes, pero al menos puedo contarles que me duelen, no? Porque claro, debo conformarme con que estoy viva.

Me es inevitable pensar en que me podrían haber pasado cosas peores, cosas muy probables, cosas que se dan con frecuencia.

Podría estar internada, podría no estar. Con solo pensar que lo mío fue una pavada a comparación de otros miles de casos, se me eriza la piel pero no de la forma linda.

Me encontré con muchos diciéndome “seguro son personas de afuera” porque no, porque en Esperanza es imposible.

Porque eso pasa allá, afuera, en otro lado. ¿Realmente importa si residen acá o en Formosa? Yo solo sé que estaban ahí, encima de mí, golpeándome.

Nos quedamos con la idea conformista de que en Esperanza aún no se dan con tanta frecuencia estos casos. ¿Acaso no se acuerdan que acá se vivía sin rejas, con puertas abiertas y libertad? Eso se perdió y, si las cosas continúan así en este país, todo seguirá empeorando.

Es necesario que abramos los ojos y nos demos cuenta que la historia de una Esperanza distinta se está terminando.

Mi amigo y yo los abrimos a la fuerza. En este país la inseguridad NO es una sensación, y cada vez somos más las víctimas.

¿Y ahora? Y ahora no me queda más que rezar y desear que esto cambie y que lo que me sucedió realmente termine en una anécdota viejísima y aislada.
Deseo eso, un cambio. Un cambio en la ciudad, en la provincia y en el país. También deseo equidad, justicia, tranquilidad, seguridad y paz, pero paz de verdad, no la dibujada».

Detenidos

Cabe indicar que fueron dos los casos de arrebatos sucedidos en esa semana. La policía produjo una importante investigación para dar con los delincuentes y finalmente dio con ellos.

En primer lugar, tras como lo informáramos en edición anterior, los investigadores sospecharon de una moto negra en la que atacaban los desaprensivos delincuentes y fueron tras los pasos del dueño de la moto.

Lo siguieron con sigilo en esas horas y finalmente los vieron en actitud sospechasa en calles de la ciudad. En la arteria Moreno iban dos en moto y uno en bicicleta «tirado» por los de la moto, a gran velocidad.

Los policías dieron finalmente la voz de alto y los malvivientes huyeron a gran velocidad. En un operativo cerrojo exitoso, los detuvieron en calle Moreno y la Ruta Provincial Nº 70.

Uno de ellos arrojó un arma de fuego al piso, pero los policías lo advirtieron y la pudieron encontrar. Era un arma de puño calibre 22 y tenía dos vainas servidas, es decir que la habían disparado por lo menos dos veces, lo que certifica que no simularon tener un arma cuando asaltaron a la vecina de la ciudad que lo cuenta en esta carta abierta.

Son tres malvivientes que residen en el norte de la ciudad. Todos tienen antecedentes por delitos y se dice que están vinculados al consumo de sustancias. Son dos menores de 17 años y uno de 19 años.

Los tres fueron detenidos y ambos casos están en la justicia donde se tiene que probar que fueron ellos los autores de estos asaltos en la vía pública, popularizados como «arrebatos».

También deberán responder por la tenencia de un arma de fuego en la vía pública, entre otros delitos de los que están acusados tras ser puestos tras las rejas.

Es importante conocer que, si bien el shock psicológico que padeció esta vecina de la ciudad y que lo relata de forma elocuente en la carta ya se ha producido, también destacar que estos desclasados fueron detenidos y que no existe, al menos para estos tres sujetos, la palabra impunidad por el buen accionar de la policía de la Unidad Regional XI, el cual es importante de reconocer en hechos que la ciudad no está acostumbrada a padecer y, más allá que sean aislados, no dejan de ser conmocionante para quienes lo padecen.

Fuente El Colono del Oeste